Las relaciones sociales son solo otro ámbito en nuestras vidas donde se pueden obtener ganancias, y numerosos estudios (por ejemplo, Rusbult, Arriaga y Agnew 2001) dicen que nos sentimos atraídos por aquellas personas que nos dan beneficios, especialmente a bajo costo. Por ejemplo, probablemente no es sorprendente que sentirse bien sea una recompensa que buscamos, y la evidencia de esto es que tienden a gustarnos aquellas personas que nos hacen sentir bien. Curiosamente, una de las situaciones más gratificantes que podemos encontrar es cuando un amigo o amante potencial simplemente nos quiere. Cuando le gustamos a alguien, se siente muy bien con nosotros, y esta situación de “caricias al ego” ayuda a crear reciprocidad, es decir, a menudo nos gusta esa persona como resultado, probablemente porque su gusto por nosotros nos agrada y nos crea atracción hacia esa persona. En otras palabras, agradar crea agrado, y amar lleva a amar.
Vamos a centrarnos en el concepto de “reciprocal liking”, que es un término psicológico para describir el fenómeno de las personas que tienden a gustarles más a las personas que les gustan. Refleja la noción de que las personas se sienten mejor consigo mismas sabiendo que son agradables y disfrutan de la compañía de quienes les dan sentimientos positivos. Este término se considera un factor significativo en la formación de amistades y la atracción interpersonal. En un experimento de Gold, Ryckman y Mosley (1984), se demostró que los participantes masculinos tenían un mayor interés en una mujer que hacía contacto visual, se inclinaba y escuchaba atentamente, a pesar de estar en desacuerdo sobre temas importantes. Otro de estos experimentos involucró a varios jugadores de rol. 24 estudiantes graduados fueron emparejados con evaluadores. Tenían que tratar de obtener una aprobación negativa o positiva. Aquellos que intentaron obtener la aprobación de una manera más positiva les atrajeron inmediatamente y recibieron puntuaciones más altas cuando fueron revisados por las estudiantes de posgrado. Probablemente, el factor más importante para saber si a alguien le gustará otro es cuánto creen que a la otra persona le gusta la primera persona. Un experimento probó esto al juntar estudiantes universitarios. Ambos grupos recibieron diferentes tipos de información. A un grupo se le dijo que a su compañero le gustaba y al otro grupo le dijeron que a su compañero no le gustaba. El grupo «me gusta» fue mucho más amigable entre sí y discutió menos. La autoestima de la persona también juega un papel importante. Mientras que las personas con autoestima positiva responden al gusto recíproco, aquellos con autoestima negativa parecen preferir trabajar con personas que los critican. Nathaniel Branden dijo que «la autoestima crea un conjunto de expectativas implícitas sobre lo que es posible y apropiado para nosotros» y continúa diciendo que la persona «confirma y fortalece la creencia original». Esto explica por qué la autoestima desempeña un papel en el gusto recíproco: si no puedes aceptar que a alguien le gustes, no te gustará esa persona a ti tampoco.
Esta reciprocidad se puede ver también en el desarrollo de las amistades de los niños pequeños según una investigación de Hayes su equipo en 1980. En preescolar los niños pueden decir que les cae bien algún niño en concreto porque a él o ella le cae bien. Y este fenómeno no solo ocurre con los niños pequeños. Sprecher en 1998 informó que los adultos sienten el mismo tipo de tracción hacia la amistad cuando a otro le caen bien. Pero los buenos sentimientos no son los únicos beneficios que provienen de nuestros compañeros: estamos motivados para que nos gusten los demás debido a otros beneficios tangibles e intangibles que también nos brindan.
Este concepto está muy relacionado con la persuasión. La gente más persuasiva es la que conecta mejor con los demás, la que hace que los demás se sientan mejor, están más conectados. Las cosas hipotéticas dejan poso. ¿Cómo hacemos sentir a los demás? Con cada persona que empieces una conversación, hazle un halago , ya que esto hace sentir muy bien al otro.
Fórmula del halago perfecto:
- Busca algo que sea verdad, todos tenemos cosas buenas y aspectos positivos.
- Dile por qué te gusta eso.
- Hazle una pregunta al respecto.
Pongamos un ejemplo para que quede más claro: Me gusta mucho tu vestido (el vestido te gusta realmente) porque resalta tu figura (por qué te gusta), ¿Dónde lo has comprado? (pregunta al respecto)