El experimento de la golosina

Seguramente todos de pequeños nos hemos encontrado en una situación en la que teníamos golosinas cerca y no hemos sido capaces de resistirnos a comernos alguna.

Esta situación, que es muy común, se ha utilizado para muchos estudios y para la enseñanza en las escuelas de negocio muy importantes para medir la capacidad de autocontrol y disciplina. Hay muchas personas que a día de hoy intentan comprender el funcionamiento del cerebro de un niño para aprender a invertir.

Experimento

El experimentó era muy básico, una persona adulta mete a un niño en una habitación y el niño se siente en una silla con una mesa donde hay un plato y una golosina. El adulto le dice que se tiene que ir pero que volverá a los 15-20 minutos y si aguanta sin comersela, le dará otra golosina más.

Para un niño que solo tiene 4 años una golosina es algo muy tentador y, tener que resistirse a comersela teniéndola delante es algo muy difícil. En el video que vamos a ver a continuación podemos ver como los niños se tapan los ojos, la cara, hacen cosas diferentes para resistirse y conseguir su recompensa.

Walter Mischel fue el primer psicólogo en realizar esta prueba, lo hizo con un grupo de niños en los años 60. A día de hoy, después de tantos años, sus conclusiones, escritas en el libro El Test de la Golosina, se siguen aplicando y estudiando como un ejemplo de disciplina personal en el mundo de la gestión empresarial y en el mundo de las finanzas,

El comportamiento de los inversores es muy similar al de estos niños y sus golosinas. Cuando una acción baja de precio, sienten la tentación de venderla con el objetivo de no perder más dinero, sin pararse a analizar la situación y los factores. De la misma manera, cuando sube una acción y la venden rápidamente pueden estar perdiendo dinero, pues el beneficio puede ser mayor dentro de un tiempo, igual que el niño, si es capaz de esperar podrá comerse dos golosinas.

Es por esto por lo que el autocontrol y la disciplina son un pilar fundamental a la hora de invertir en bolsa. La inversión tiene un componente psicológico significativo, y ser capaces de controlar nuestros impulsos puede marcar la diferencia entre perder o ganar dinero. Los inversores siguen, de cierta manera. comportándose como niños.

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