
Seguramente, más de una vez, nos hayamos encontrado en una situación donde se encuentra mucha gente y mantenemos una conversación con ciertas personas, por ejemplo en una fiesta, donde hay muchas personas, muchas conversaciones, ruido y música, pero, incluso con todo esto, somos capaces de mantener nuestra conversación más o menos estable ignorando el resto. Esto es a lo que llamamos «efecto cóctel», que consiste en ser capaces de diferenciar los sonidos que nos interesan de todos aquellos que son distracciones.
Nuestro cerebro selecciona, escoge, pero sobre todo desecha aquello que no es relevante, sin importar el volumen, o la insistencia, si lo que le interesa es un breve susurro entre el estruendo y viceversa.
El nombre representa muy bien el fenómeno, pues un cóctel con muchas personas es un claro ejemplo de una situación donde nos centramos en los estímulos de una persona filtrandolo entre todos los que nos rodean.
Esto muestra que nuestra atención se dirige por los intereses y lo que más le interesa a un ser humano es él mismo. Este efecto es el que nos permite que, sin necesidad de estar prestando total atención al resto de conversaciones, seamos capaces de percatarnos de cuando en una conversación ajena dicen algo que nos interesa o, lo que es más, nos nombren y nos demos cuenta.